¿Fin de la historia?




El teórico ruso Mijaíl Bajtín supo definir al enunciado como una unidad de discurso dotada de una totalidad de sentido en relación a un marco determinado. Partiendo de esta definición podemos asegurar que, en consecuencia, todo disco (y por añadidura, toda obra artística) es un enunciado particularmente dotado de sentido. Como tal, se ubica en un continuo discursivo que lo relaciona -más allá de una intención explícita o no- de manera intertextual con los distintos discos-enunciados que configuran las distintas historias de la música (popular, clásica, etc.). En este sentido, no queda más que decir que toda obra musical se relaciona con la historia anterior de la música desde una perspectiva dialógica; como respuesta, como rechazo o como superación, pero siempre como vínculo obligado.

Jack White es uno de esos músicos que viven, piensan y actúan dentro de una atmósfera particular, alejada de tendencias pasajeras y enraizada en una determinada tradición. Su música es, de hecho, una celebración constante a un pasado que se niega a ser tal en cada fraseo de su guitarra. Alguien dijo alguna vez que el riff de “Icky Thump” -canción que abre el hasta ahora último disco de sus White Stripes- era el único que Jimmy Page, guitarrista de Led Zeppelin, todavía no había inventado. Mucho de cierto hay en eso, sobre todo a partir de la vocación intrínseca de White hacia una reivindicación constante -como diálogo intertextual, como relectura del pasado, como un eslabón más en la continuidad discursiva- de lo que es para muchos un pedazo de lengua muerta, sustantivo con acta de defunción.

“Rock” en una de sus tantas acepciones. “Rock” que para Jack White es sinónimo de guitarra; de riffs y distorsiones, de blues y armonías de escala pentatónica. Precisamente, aquello que se escucha en Horehound, primer disco de The Dead Weather, banda en la que White vuelve a su primer instrumento (la batería) y se asocia a la cantante de The Kills, el guitarrista de Queens Of The Stone Age y el bajista de The Raconteurs para rendir culto a esa cosmovisión casi religiosa que lo guía. El resultado es no sólo otro enunciado que propone una conversación con la historia, sino una auténtica toma de posición discursiva desde un costado eminentemente reivindicativo.

Sin embargo, lo que podría suponerse como un “más de lo mismo” no lo es. Si bien se trata de otro disco en la historia de ese “rock” -con momentos de gran interés y otros de menor intensidad- se puede observar una estilización del género que aún hoy resulta difícil de encontrar. Estructuras melódicas consistentes, sentido de ubicuidad a la hora de agregar matices y, sobre todo, un uso perfecto del silencio como elemento intermediario entre las distintas partes de guitarra, dan cuenta de nuevas formas que intentan aportar sustancia a un espíritu que, incluso, llega a parecer imperecedero. “60 Feet Tall”, “Hang You From The Heavens”, “I Cut Like a Buffalo”, “Bone House”. Todas canciones cargadas de contundencia que sorprenden por su potencia y su profundidad atmosférica.

En este contexto, “New Pony” es la única canción del disco que no pertenece a la banda. Originalmente compuesta por Bob Dylan, está planteada como una síntesis de todo lo anterior pero, inconscientemente, también supone un claro posicionamiento discursivo. Pocos artistas pueden llegar a considerarse leyendas vivas del paradigma histórico del “rock”, y Bob Dylan es uno de ellos. Retomar una de sus canciones y cargarla de una cierta subjetividad a partir de una versión propia implica entrar en un diálogo todavía más directo con aquella tradición que se toma como punto de partida. En este sentido, esta canción no puede ser vista como una más. Su reversión es, claramente, una toma de posición histórica. Casi un gesto militante.

Por eso no extraña que este disco sea capaz de dialogar de igual a igual con los grandes momentos del género. Respeta la tradición pero se asume como una continuidad en el continuo discursivo, no como un simple aggiornamiento. El diálogo, entonces, da paso a una versión libre, cargada de sentido. Allí es donde entra la voz de Allison Mosshart -desgastada, podrida, saturada- como complemento coherente al esfuerzo instrumental de la banda. En sintonía con el estilo de Karen O de los Yeah Yeah Yeahs, Mosshart se adueña del centro de atención desde la tapa misma de álbum. Su forma de cantar, su métrica, su impostación, todo impone una presencia abrumadora que logra, incuso, equipararse a la referencia obligada de Jack White, quien logra que la batería sea el instrumento de referencia a partir de la utilización precisa de los distintos cuerpos y platillos.

Sin embargo, la sensación de duda es inevitable. Una a una, las canciones de Horehound dan cuenta de un estilo procesado a pesar de haber sido compuestas y grabadas en poco más de dos semanas, pero eso no es suficiente. A pesar de piezas que intentan salirse del libreto como “Rocking Horse” (en clara continuidad con Icky Thump) y la instrumental “3 Birds”, lo que queda claro es que son los recursos individualizados, las texturas sonoras y las rupturas dentro del propio modelo las que generan la mayor empatía. Es la materia experimental del álbum lo que hace que Horehound esté más allá del homenaje. Quizás por eso, a pesar de la contundencia de muchas de sus canciones, lo que se percibe es una sensación de finitud o caducidad. Como una especie de epílogo a toda una historia que está cerca de su final.

El disco se cierra con “Will There Be Enough Water?”, es decir, una vuelta a lo más primitivo -“blues del delta”-, allí donde todo parece haber empezado. Precisamente ese final es el que dispara un interrogante lógico: después de ir y venir sin miedo a la experiencia, lo único que queda por dilucidar es cuánto más puede expandirse ese límite genérico. ¿Qué más puede hacerse bajo la bandera de un modelo discursivo que está pronto a entrar en la tercera edad? Horehound parece ser el punto último de una instancia de diálogo que no presenta muchas más posibilidades, por lo menos a simple vista. Quizás sea el momento de pensar el rock como macrogénero desde otra perspectiva. Quizás sea hora de enfrentar el paso del tiempo como algo inevitable. Mientras tanto, sobran discos que intentan continuar el encadenamiento discursivo. Horehound es, seguramente, uno de los más interesantes.


Juan Manuel Pairone

11 comentarios:

santi dijo...

en secreto estoy esperando el del nuevo de mando diao, quiero conocer una opinion experta poruqe me pasa algo muy raro con ese cd.

maggie may dijo...

jaja la verdad que si,bardie todo el camino con joy division a.k.a una de las mejores bandas que mis oidos tuvieron el placer de conocer hahaha,igual que se yo no fue tan descontrol como creia (?) y lo bueno de ir y estar hiper afonica es que jodia cantando como ian (L) me la pasé flasheando con love will tear us apart y todos me miraban mal ,jamas voy a entender eso de que piensen que escucho música rara por que me caben bandas cuyos cantantes se suicidaron o no sé,cantan en inglés (?)ay escribi mucho no sé estoy en un jueves a las 3 de la tarde y necesito ser escuchada,he dicho (!!)

Einu dijo...

hola! me alegro que te haya resultado interesante. A mí me gustó tu forma de escribir y la onda del blog, te descubrí en los enlaces del blog del profe de la cruz, lo conocés?

RoRRigo dijo...

a mi me paso q no me habia enterado de esta banda, hasta hace no se un mes ponele, y desde q vi unos videos en youtube, en el canal de ellos, me re colgué
pero mal
y nada, ahi arranque a escucharlos, y este disco literalmente lo he gastado
raro q se gaste un disco siendo q lo uso todo digital no? jaja en la pc y el mp3 sobre todo
pero bueno, es asi, LO GASTÉ
y lo voy a seguir gastando
esto si es rock, me encanto
y ahora en un rato me voy a paysandu, asi q ya medio como q dije q cosa voy a poner en mi mp3 ja
eeen fin
saludetes!

lupe dijo...

Alguien dijo alguna vez que el riff de “Icky Thump” -canción que abre el hasta ahora último disco de sus White Stripes- era el único que Jimmy Page, guitarrista de Led Zeppelin, todavía no había inventado.


posta que nunca lo habia pensado (?

lala ~ dijo...

breve historia de lo que me pasó. estaba escuchando nadia de nixon y abrí tu blog para ver qué era lo que habías subido y eso. la cuestión es que a la linda cancioncita se le superpuso nos ruidos horribles provenientes de tu blog.
así que mi canal de comunicación quedó bastante herido.. resultado: auto-ostracismo(?), me quedo en mi país de colores y musiquita linda.


(algún día de éstos, cuando busque rock and roll (?) desmedido (!) paso por acá, no va a faltar mucho.. lo llevo en las venas (?)).
(rodrigo está vivo (!!)).

Viqui dijo...

Demasiada semiótica en tu post, pero no importa.
Esta se supone que es otra banda de Jack White? Cuántas tiene ya?
Está re buena esa canción que pusiste.

M. Emilio Campos dijo...

Te encantó arrancar citando a Bajtin.

Puto ¬¬



Interante banda.

M. Emilio Campos dijo...

Te mando un abrazo.

Einu dijo...

jajaja MULTIMEDIAL...somos compañeros de metodología! Mirá vos, no conozco a casi nadie de esa comisión, quién serás? Recuerdo solo el grupo de los turistas y la gripe A, el bicentenario y la discriminación a musulmanes sos de algunos de ellos? jajaja
En fin, me encantó la contextualización por parte de Bajtin, nos vemos entonces por la ECI o nos leemos por aquí! Saludos!

javi dijo...

lo lograste con tu tentadora forma de escribir!!.. me lo voy a tener que bajar.. . perdon pero me salio el ñoño, son escalas pentatonicas, en todo caso melodías, no armonías. un abrazo!! nos vemos en el ensayo