Noche oscura




Tres años, cuatro meses y veintitrés días. Ese fue el paréntesis temporal que utilizó Franz Ferdinand para concebir su tercer trabajo, Tonight: Franz Ferdinand. En ese tiempo, idas y venidas marcaron el rumbo de un disco que intentó ser el punto de partida hacia nuevos territorios, sin embargo, a seis meses de su edición, parece seguir flotando en el espacio, con un aire de desamparo propio de la obra indefinida de una banda que parece no tener en claro cuál es su rumbo concreto luego de haber sido eso de lo que todos hablaron sin parar.

Desde un comienzo, Tonight fue definido por la banda como un disco maduro, hecho con tiempo y precisión, con la idea de hacer que cada sonido evolucione hasta sus máximas posibilidades. En este marco, se lo quiso precisar como un álbum con cierto aire conceptualcentrado en las salidas nocturnas y sus consecuencias, trabajado estéticamente desde la profundidad del dub y la incorporación de nuevos sonidos. El resultado, sin embargo, no remite a esa intención de la manera más fiel ya que lo que se logra son sólo algunas canciones en clave dance que no hacen más que sumarse a la lista aleatoria de un DJ cualquiera en una noche cualquiera.

Calificado por algunos como una “oda a la noche” Tonight es, en realidad, algo similar a lo que Rubén Darío describe como fin de fiesta: una conjunción de restos y huellas de un pasado reciente que adolece por su cercanía y, paradójicamente, parece imposible de recuperar. Así, lo que podría haber sido -y por momentos intenta ser- un salto estilístico termina convertido en un producto residual que no llega a ser más que un recuerdo diluido de lo que Franz Ferdinand supo generar con su inquietud y su impronta kinésica.

Desde el comienzo, se advierte una atmósfera distinta. “Ulysses”, la primera canción, genera una sensación ambivalente ya que, por un lado, sorprende con una serie de sintetizadores que distancian a la banda de sus discos anteriores pero, a la vez, su estribillo remite a caminos ya transitados. El problema es que ni una cosa ni la otra parecen generar comodidad ya que las reminiscencias a lo ya hecho son solamente eso -vestigios-, mientras que los nuevos elementos están más cerca de la confusión que del placer. Todo queda a medio camino, como si se tratase de algo irresuelto en el mismo proceso creativo.

De ahí en más todo se torna aún más confuso, “Turn It On” y “No You Girls” se suceden en la intención de reforzar el ideal bailable que subyace en la noción previa del disco, sin embargo, aquella profundidad tan promocionada nunca aparece y el sonido empieza a quedar sumergido en un único registro que prescinde de una idea de espacio sonoro amplio. Batería y bajo son, lamentablemente, dos elementos más en el conjunto y no un sostén que debería aparecer como necesario a la hora de pensar este disco en una densidad acústica distinta, alejada de la superficialidad.

La temática nocturna se convierte, entonces, en una premonición. Lentamente, las canciones van perdiendo luminosidad para caer indefectiblemente en una oscuridad no buscada en la que todo se vuelve insípido y amorfo, carente de sentido transformador. En este contexto, “Send Him Away" cuela una revisión sesentista que termina siendo lo más parecido a un lado-b de The Coral antes que un momento de distinción y “Twilight Omens” se funda en un recurso-beatle que con muy poco se transforma en el punto más alto de la obra. El rumbo se pierde y la “heterogeneidad” termina siendo la salida más fácil para justificar aquello que, en realidad, no tiene justificación. Simplemente, está vacío.

Y ese es, en verdad, el principal problema detrás de este álbum. No es cuestión de fatalismos, puede haber discos buenos y discos malos sin que nada a su alrededor se vea trastocado por eso y todo siga siendo más o menos lo mismo antes y después de una edición como cualquier otra. Sin embargo, hay otros discos que adolecen de lo que son porque no llegaron a ser lo que debían ser. Tonight es el ejemplo más claro por todo lo que implicaba de antemano: su retórica previa, sus objetivos, su concepto, su intertextualidad estética. Nada de eso parece haber llegado a ser sustancial, con lo cual, lo único que queda son las ideas previas y las canciones resultantes. Un abismo entre lo ideal y lo materializado que se proyecta en la existencia de dos ámbitos sumamente alejados de una comunión que debiera ser natural.

A esta altura, el resto de las canciones terminan siendo un resto, un continuo indiferente que, lejos de trascender, sirve de relleno y prolongación. Sólo al final, con “Katherine Kiss Me”, se cierra el disco como debe ser cerrado, a partir de una canción de reflexión involuntaria en la que la obra como un todo se termina de completar. Una voz cansada, una guitarra acústica y un piano sencillo sirven como punto final de una noche agitada, confusa. Sin embargo, queda lugar para una muestra más de indecisión: el último sonido que se escucha son los dedos del guitarrista sobre el cuerpo de su instrumento, con un golpe que, torpe e innecesario, refleja una sensación general, la duda.

Y así, como si nada, fin. Sólo resta cerrar el disco y prestarle atención a un arte de tapa que, casualidad o no, retrata perfectamente el estado en el que se encuentra la banda. Si antes era el constructivismo ruso lo que movilizaba las ideas del grupo en materia de imagen, es ahora el fotógrafo policial Arthur Fellig quien inspira (y bien) el concepto de una foto en la que los músicos aparecen en lo que parece una escena del crimen, rodeando un cadáver. El resultado es elocuente, se abraza una estética de lo instantáneo en la que prima el retrato de lo acontecido, lo que convierte a la tapa en una antesala de lo que podemos encontrar en materia sonora: Franz Ferdinand asemeja hoy a una foto sacada en el momento menos pensado, cuando nadie está preparado aún para posar para la posteridad.

De esta manera, Tonight puede verse como (el testimonio de) un intento desvalido a cargo de una banda que parece quedarse en el camino de lo efímero. El tiempo no funciona como excusa, fueron muchos los meses de trabajo y el colchón artístico y financiero que representaba la corta pero fructífera trayectoria de la banda daba lugar a cualquier intento de salto al vacío. En cambio, nos encontramos con una obra que funciona como una gota de aceite para que los engranajes sigan girando pero con más agilidad. Los tres años, cuatro meses y veintitrés días de gestación dieron forma a un disco más, un disco que sirve sólo como una fuente propagandística de lo ya existente y acomoda a Franz Ferdinand en una posición que se funda con el status-quo. En el camino quedan las convicciones constructivistas y el imperativo de reforma. Sólo queda tiempo para bailar hasta el cansancio, mientras siga siendo de noche.

Juan Manuel Pairone

6 comentarios:

no hay peor santi que no quiere ver dijo...

no se, creo que no quiero leerlo, si te querias ganar nuevos amiguitos con el blog, NO ES LO INDICADO ME PARECE.

marie dijo...

a mi me gustó el disco.

marie dijo...

el comentario de santi me dio mucha risa, posta.
(?

deqita dijo...

es que una cosa es leer y otra cosa es preparar entregas... si supieses lo lindo que es preparar una entrega!

ironico dijo...

pai segui escribiendo el pueblo se nutre de tus palabras

viva pai e iñaki

santi dijo...

10 meses después te confirmo las sospechas: franz ferdinand es lo más capo que me paso en la vida.

y si este cd me los trajo para que yo los vea y me roben el celular (dato innecesario) aguante tonight!